Modelo Minnesota

MODELO MINNESOTA

HISTORIA Y DESARROLLO DEL

TRATAMIENTO.

Enfoque Moral

Considera que el alcohol es una droga perjudicial e indeseable y a quien abusa de él, un infractor de las normas morales, un sujeto potencialmente peligroso para la sociedad o un “débil moral” que debe ser humillado, castigado y marginado. Los seguidores del enfoque moral afirman que quien abusa del alcohol es un vicioso y rechazan el modelo médico, argumentando que éste trata de justificar lo que es injustificable.

Afirma que la única manera de no caer en el alcoholismo es mediante la fuerza de voluntad. Este enfoque no ha aportado nada valioso a la comprensión científica de la etiología y del desarrollo del alcoholismo.

Enfoque Médico

Se basa en el principio de que el abuso del alcohol es sólo un síntoma de algún trastorno del organismo que puede ser de origen genético, endocrinológico, cerebral o neurobioquímico. De acuerdo con este enfoque, el abuso del alcohol da lugar a un conjunto de síntomas clínicos, clasificables e identificables que permiten predecir la conducta del alcohólico y que el alcoholismo tiene, al igual que cualquier otra enfermedad, una etiología, fisiopatogenia, historia natural, cuadro clínico, diagnóstico, pronóstico y tratamiento, por lo que pueden desarrollarse estrategias para prevenir y/o detenerlo.

Enfoque Psicológico

Plantea que el alcoholismo no es una enfermedad, sino simplemente un síntoma que denota la presencia de conflictos psicológicos no resueltos, un retraso o estancamiento en el desarrollo de la personalidad, un trastorno de la personalidad o el resultado de una conducta aprendida mediante reforzamientos condicionados, por los efectos gratificantes del alcohol. Define al alcoholismo como un problema estrictamente individual, aunque no minimiza ni excluye la influencia de los factores sociales.

El enfoque psicológico es útil siempre y cuando se integre a otros modelos de corte biológico y sociocultural. El enfoque psicológico aislado, en especial el que se maneja dentro del marco psicoanalítico, resulta reduccionista, limitado e incompleto. Esto se debe a que el modelo psicodinámico presupone que la conducta de dependencia desaparece una vez que, a través de la terapia psicoanalítica, el sujeto logre madurar o resolver sus conflictos neuróticos. A pesar de ello, la mayoría de las evaluaciones a largo plazo de estos pacientes señalan la persistencia de la conducta de dependencia.

Enfoque Sociocultural

Hace hincapié en que el alcoholismo es sólo una consecuencia del medio ambiente en que se mueve el individuo, independientemente de sus problemas psicológicos o de su predisposición biológica hacia la bebida.

Usualmente se habla de cuatro criterios de causalidad social en el alcoholismo: la familia, la organización social, la disponibilidad de las bebidas alcohólicas y otros aspectos socioculturales tales como el sexo, la edad, el estado civil, la raza, la religión, los ingresos y el nivel educativo.

Enfoque Epidemiológico

El comité de expertos en problemas relacionados con el consumo de alcohol de la Organización Mundial de la Salud sugiere que los problemas relacionados con el alcohol – que afectan no sólo al bebedor, sino también a su familia y a la sociedad en general – pueden contemplarse a través del enfoque epidemiológico. De acuerdo con éste, el alcoholismo es el resultado de una interacción compleja entre el agente (etanol), el huésped (bebedor) y el ambiente (físico, mental y sociocultural).

Entre los problemas concernientes al individuo se incluyen el desarrollo del alcoholismo y muchos problemas adicionales de tipo físico, mental y social, que no necesariamente se relacionan con la dependencia.

Respecto de las posibles repercusiones del alcoholismo en la familia, hay que tener presente que posiblemente existen otras causas responsables del conflicto familiar y que, de hecho, estos problemas pueden haber inducido al individuo a beber en exceso.

Finalmente, los problemas que surgen debido al uso inadecuado o excesivo de alcohol, pueden afectar a la comunidad en diversas formas (el orden público, conductas ofensivas, violencia, accidentes, disminución de la productividad, costo económico de la mano de obra y de los servicios, etc.). De acuerdo con lo anterior, la prevención de la enfermedad requiere centrar los esfuerzos en el agente, en el huésped y en el ambiente e interrumpir las líneas de comunicación entre ellos.

Es evidente que el enfoque epidemiológico ha sido muy valioso en la integración de estrategias preventivas de los problemas que genera el consumo de alcohol.

Enfoque Interdisciplinario

Este enfoque, que es el ideal, propone la aplicación simultánea y racional de todos los anteriores. Como puede apreciarse, las aportaciones que las diversas disciplinas científicas han hecho en forma aislada no explican adecuadamente el fenómeno del alcoholismo. Debido a que el alcoholismo es un fenómeno multicausal, su tratamiento integral tiene que ser interdisciplinario.

Los enfoques médico y psicológico son fundamentales para el tratamiento y la rehabilitación de los alcohólicos, pero ello no excluye la importancia de los factores socioculturales. Los enfoques sociocultural y epidemiológico son básicos para la prevención del alcoholismo, pero también pueden utilizarse los elementos psicobiológicos de los demás enfoques.

Incluso el enfoque moral aporta algunos conceptos útiles; por ejemplo, introducir la idea de beber con moderación y responsabilidad entre los bebedores no alcohólicos. En sociedades como la nuestra, que son tan tolerantes para el beber excesivo y en las que es tan mal vista la abstinencia, el enfoque moral podría propagar actitudes de cambio que darían lugar al fenómeno inverso y deseable, es decir, condenar el exceso en el beber y considerar una virtud la abstinencia y el beber con moderación.

Modelo Minnesota

A fines de la década de los ‘40´s y a principios de los ‘50´s, en Minnesota ocurrieron 3 experimentos dentro del tratamiento de adicciones:

• Pioneer House en Minneapolis

• Hazelden en un pueblo rural llamado Center City

• Hospital Estatal Willmar

Sus esfuerzos nos proporcionaron las perspectivas y prácticas conocidas hoy como el Modelo Minnesota, que incluye:

 Tratar a personas adictas al alcohol y otras sustancias.

 Tratarlas con dignidad.

 Tratarlas como personas completas: cuerpo, mente y espíritu.

La rehabilitación tiene varios componentes:

1. Los profesionales y los pacientes colaboran para definir el camino de la recuperación.

2. El enfoque del tratamiento se basa en cambios de hábitos para promover un estilo de vida diferente.

3. El tratamiento enfatiza el cuidado contínuo.

4. El tratamiento es multidisciplinario.

5. La rehabilitación requiere de sistemas de apoyo naturales.

Las suposiciones del Modelo Minnesota son:

1. El alcoholismo existe.

Muchos no quieren creer que personas que no son “vagabundos” pueden ser alcohólicos; por esto, intentan explicar el hecho de beber como un “síntoma” de algún otro desorden. El Modelo Minnesota se opone a este punto de vista con la primera suposición: el alcoholismo existe.

2. El alcoholismo es una enfermedad.

Pese a que los síntomas de la enfermedad son variados dependiendo del individuo, hay algo en común entre ellos para poder decir que comparten una misma entidad: alcoholismo. Hasta los mismos bebedores pueden identificar estos síntomas. Estas personas beben en exceso; esto les lleva a tener consecuencias contínuas y negativas. Además, hasta sus mejores esfuerzos por dejar de beber resultan inútiles.

3. El alcoholismo es una enfermedad sin culpables.

La manera alcohólica de beber es rígida, repetitiva e inflexible. Por sí solos, los alcohólicos tienen enormes dificultades para lograr cambios definitivos en su manera de beber. Por lo tanto, es evidente que la condición sea definida como una incapacidad involuntaria. Culpar, estigmatizar e implorar al alcohólico para que deje de beber resulta inútil. Es más, obstaculiza sus posibilidades de obtener tratamiento apropiado.

4. El alcoholismo es una enfermedad multifacética.

Esta suposición del Modelo Minnesota reafirma la postura de Alcohólicos Anónimos; los miembros de este grupo consideran que el alcoholismo es una enfermedad física, mental y espiritual. El término espiritual tiene muchos significados; sin embargo, las tradiciones espirituales del mundo están de acuerdo en un hecho: que los seres humanos sufren y necesitan ayuda de una fuente fuera de ellos mismos. Según el Libro Grande, los alcohólicos comienzan su recuperación cuando admiten este hecho y abren sus brazos para recibir una fuente de ayuda que vaya más allá de su actual comprensión.

5. El alcoholismo es una enfermedad crónica y primaria.

Es una enfermedad crónica que requiere de cuidado a largo plazo, no de curación a corto plazo. No es una opción el volver a beber de manera “social” o controlada. La meta de la recuperación está en la abstinencia.

6. La motivación inicial no está relacionada con el resultado.

En ocasiones, el punto de vista más común es que la motivación del paciente está íntimamente ligada con un resultado favorable. Esto es, que a los alcohólicos no se les puede ayudar si no quieren ayuda. Sin embargo, se ha comprobado que muchos pacientes que entran a tratamiento desafiantes y reticentes logran la sobriedad con la ayuda del programa.

7. El alcoholismo es una enfermedad familiar: la educación sobre el alcoholismo debe comenzar en la comunidad.

Muchas personas en la comunidad suelen tener los mismos mecanismos de defensa utilizados por los alcohólicos; a pesar de la evidencia, deciden ignorar el hecho de que el alcoholismo existe, o bien, insisten que los alcohólicos son personas inmorales, no enfermas. Por este motivo, el Modelo Minnesota ofrece programas educativos para los miembros de la familia y personas significativas de los alcohólicos. Esto ayuda a desmitificar el alcoholismo y motivar a personas en etapas iniciales de alcoholismo a buscar ayuda: sin el involucramiento de la familia y amigos, sin su conciencia, sin su comprensión y apoyo para tomar acción, no se puede motivar a la mayoría de los alcohólicos a aceptar tratamiento.

8. El concepto de enfermedad es aplicable a otras sustancias

alteradoras del estado de ánimo.

Considerado como un movimiento de reforma social, el Modelo Minnesota hizo 3 contribuciones históricas:

1. Introdujo la idea de que las personas adictas merecen tratamiento

en vez de aislamiento o abandono en hospitales psiquiátricos y

cárceles.

2. Sostiene que las personas adictas merecen ser tratadas con

dignidad, que su condición es el resultado de una enfermedad

en la cual la voluntad personal juega un papel evidentemente

limitado.

3. Opera basándose en la premisa de que cualquier tratamiento

de adicciones que desea ser efectivo debe tomar en cuenta los

complejos aspectos físicos, mentales y espirituales de la

enfermedad.

Estas suposiciones fueron radicales en 1950; y, como lo indica la historia de tratamiento desde ese año, siguen siendo radicales actualmente.

ADICCIÓN: CONCEPTO DE ENFERMEDAD

En 1956, la Asociación Médica Americana (American Medical Association, AMA) denominó al alcoholismo como “enfermedad”; emprendió una loable acción para persuadir a las autoridades de los hospitales generales de que recibieran a los sujetos alcohólicos para su tratamiento médico adecuado, del mismo modo que admitían a otros pacientes con enfermedades comunes.

La Asociación Psiquiátrica Americana siguió el ejemplo de la AMA en 1965 y ambas se unieron en una declaración conjunta, apoyando el concepto de enfermedad en 1969.

El hecho de que el alcoholismo sea una enfermedad provoca, hasta nuestros días, una controversia intensa. Primero, la idea de que el alcohol sea visto como un problema en vez de una solución es inconsistente con nuestros valores históricos; en segundo lugar, el concepto de pérdida de control es inconsistente con las creencias más profundas que nuestra cultura tiene sobre la naturaleza humana.

Gran parte de la cultura occidental se basa en la creencia del poder del yo y que el logro de ese poder es el principio organizativo en la vida. Por este motivo, los individuos luchan por incrementar ese poder sobre sí mismos y otros, obtenido al enfocarse en metas ante problemas que presenta la vida. Esto resulta apropiado y útil ante muchas situaciones y problemas, pero esta filosofía también nos lleva a soluciones simplistas y “de receta” ante temas importantes, como en este caso, que nos lleva a enfocarnos inapropiadamente en estrategias para retomar el control.

Ya que el beber es visto como una solución, como un derecho, muchas veces se cree que el alcohólico debe retomar el control para que pueda mantener ese privilegio. El mecanismo del control es el poder sobre la voluntad del yo. Cuando un individuo pierde la capacidad para controlar su manera de beber, entonces la explicación resultante es una falta de fortaleza, ego o voluntad personal. Como consecuencia, muchos profesionales permanecen enfocados en mejorar el carácter moral o el autocontrol de la persona.

El modelo de enfermedad reconoce que la pérdida de control se debe a un proceso de enfermedad, no a una falta de voluntad. Los que apoyan este modelo consideran que permite que los individuos busquen ayuda más libremente, ya que les libera de la responsabilidad de “curarse” a través del ejercicio de su voluntad. También les ayuda a entender su comportamiento, liberándoles de su culpa y remordimiento. Un modelo de enfermedad reduce el estigma asociado con el alcoholismo, para que los individuos no tengan que seguir negando que no pueden controlar su maner de beber. Al quitar esta necesidad defensiva, muchos de los síntomas patológicos más severos, tales como la paranoia y hostilidad, desaparecen.

La edición de Agosto 26 de 1992 de la Revista de la Asociación Médica Americana (Journal of the American Medical Association, JAMA) incluyó un artículo con la definición revisada de «alcoholismo». La definición fue hecha por el comité del Consejo Nacional de Alcoholismo y Drogodependencia (National Council on Alcoholism and Drug Dependence, NCADD) y la Sociedad Americana de Medicina de Adicciones (American Society of Addiction Medicine, ASAM), después de dos años de deliberación. Robert M. Morse, M.D., quien encabezó el comité, dijo: «La definición, que explícitamente especifica los componentes genéticos, psicosociales y ambientales de la enfermedad, facilitará la identificación del alcoholismo para los médicos de la nación». El artículo es el siguiente:

El alcoholismo es una enfermedad primaria y crónica con factores genéticos, psicosociales y ambientales que influyen sobre su desarrollo y manifestaciones. A menudo, la enfermedad es progresiva y fatal. Se caracteriza por pérdida de control sobre la manera de beber, preocupación por la droga alcohol, uso de alcohol a pesar de consecuencias adversas y distorsiones en el pensamiento, siendo la negación la más notable de ellas. Cada uno de estos síntomas puede ser contínuo o periódico.

«Primaria» se refiere a a la naturaleza del alcoholismo como una entidad patológica, además e independientemente de otros estados patofisiológicos que puedan estar asociados a ella. Sugiere que, como adicción, el alcoholismo no es un síntoma de otro estado patológico.

«Enfermedad» significa una incapacidad involuntaria. El uso del término involuntario al definir una enfermedad describe este estado como una entidad discreta que no se persigue deliberadamente. No sugiere pasividad en el proceso de recuperación. De igual manera, el uso de este término no implica la ausencia de responsabilidad en un sentido legal. Una enfermedad representa la suma de fenómenos anormales demostrados por el grupo de individuos. Estos fenómenos están asociados con un conjunto específico de características en común por lo que ciertos individuos difieren de la norma y les coloca en desventaja.

«A menudo progresiva y fatal» significa que la enfermedad persiste a través del tiempo y que los cambios físicos, emocionales y sociales a menudo se van acumulando y pueden progresar al continuar ingiriendo alcohol. El alcoholismo provoca muerte prematura debida a sobredosis, complicaciones orgánicas en el cerebro, hígado, corazón y otros órganos y contribuye al suicidio, homicidio, accidentes automovilísticos y otros eventos traumáticos.

«Pérdida de control» significa la incapacidad de consistentemente limitar la duración de episodios en que se bebe alcohol, la cantidad de alcohol que se consume y/o las consecuencias en el comportamiento.

«Preocupación», asociada con «uso de alcohol», indica una excesiva atención enfocada sobre la droga alcohol y sus efectos o su uso (o ambos). El valor relativo que la persona le otorga al alcohol a menudo le quita energía a asuntos importantes de vida.

«Consecuencias adversas» son problemas relacionados con el alcohol o «incapacidades» en áreas tales como la salud física (por ejemplo, síndrome de supresión de alcohol, enfermedades hepáticas, gastritis, anemia y desórdenes neurológicos), el funcionamiento psicológico (por ejemplo, cognición y cambios en el estado de ánimo y en el comportamiento), el funcionamiento interpersonal (por ejemplo, problemas maritales, abuso de menores y deterioro en las relaciones sociales) y problemas legales, económicos o espirituales. A pesar de que el síndrome de dependencia de alcohol puede ocurrir, teóricamente, con ausencia de consecuencias adversas, creemos que éstas son evidentes en virtualmente todos los casos clínicos.

«Negación», en esta definición, no se limita al sentido psicoanalítico de un sólo mecanismo de defensa psicológico que desacredita el significado de los eventos, sino que, de manera más amplia, incluye una variedad de maniobras psicológicas que reducen la conciencia del hecho de que el uso de alcohol es la causa de los problemas de la persona y no la solución de estos problemas. La negación se convierte en una parte integral de la enfermedad y casi siempre representa un obstáculo enorme para la recuperación. La negación en el alcoholismo es un fenómeno complejo, determinado por múltiples mecanismos psicológicos y fisiológicos. Estos incluyen los efectos farmacológicos que tiene el alcohol sobre la memoria, la influencia que tiene el recuerdo eufórico sobre la percepción e introspección, el papel que juegan la supresión y represión como mecanismos de defensa psicológicos y el impacto que tiene el comportamiento propiciador de la sociedad y cultura.

Clasificación del Alcoholismo y Tabla de Jellinek

Una de las personas que más influyó para cambiar la noción existente del alcoholismo fue el Dr. E. M. Jellinek (1890-1963), quien fuera investigador en la Universidad Yale y asesor de la Organización Mundial de la Salud. En 1960, la inquietud social generada por los grupos de A.A. influyó profundamente al Dr. Jellinek, por lo que publicó su famoso artículo “El Concepto del Alcoholismo como Enfermedad”. En él, definió al alcoholismo como una enfermedad primaria, crónica, progresiva y fatal.

Jellinek logró hacer una clasificación que actualmente es universalmente aceptada y considerada como una de las mejores, puesto que es útil desde el punto de vista clínico.

A partir de sus investigaciones, Jellinek hizo una tabla donde se describe la progresión predecible y contínua de la enfermedad. Dividió al alcoholismo en cuatro etapas:

• Pre-alcohólica

• Prodromal (o temprana)

• Crucial

• Crónica

Etapa Pre-alcohólica

El uso de alcohol del individuo es motivado socialmente. Sin embargo, el alcohólico prospecto comienza a experimentar alivio psicológico en la situación donde se bebe. Posiblemente tiene más presiones que otras personas, o no sabe cómo manejarlas. No importa. De cualquier manera, comienza a buscar ocasiones para beber. En algún momento, la conexión se vuelve consciente. En ese momento, beber se convierte en la manera estándar de manejar el estrés. Sin embargo, su conducta no parecerá distinta a los demás. Esta etapa puede durar meses o quizás años. Gradualmente se desarrolla un incremento de tolerancia.

Etapa Prodromal o Temprana

“Prodromal” significa alerta o señal de enfermedad. Según Jellinek, el comportamiento que marca el cambio son los “palimpsestos alcohólicos”, o lagunas mentales. Otras conductas evidencian que el alcohol ha dejado de ser simplemente “una bebida” y se ha convertido en “una necesidad” como beber una o dos copas a escondidas antes de asistir a una fiesta, beber la primera y/o segunda copa rápidamente y sentir culpa por algunas conductas al beber. Aquí el consumo es fuerte, pero no necesariamente conspícuo. “Verse bien” requiere de un esfuerzo consciente por parte del bebedor. Este período puede durar de 6 meses a 4 ó 5 años, dependiendo de las circunstancias del bebedor.

Etapa Crucial

El síntoma clave aquí es la pérdida de control. Ahora beber ocasiona una reacción en cadena. El bebedor ya no puede controlar la cantidad de alcohol una vez que ha tomado la primera copa. Sin embargo, sí puede evitar tomar la primera copa, por lo que puede tener períodos de abstinencia. El bebedor pierde su máscara al perder el control. Es obvio que bebe de manera diferente; esto requiere de alguna explicación, por lo que comienzan las racionalizaciones. Simultáneamente, el alcohólico intenta una secuencia de estrategias para volver a tener control. El pensamiento es: “Si tan sólo hago ___________, entonces estaré bien”. Las maniobras más comunes son períodos de abstinencia, cambios en el patrón de bebida, fugas geográficas, cambios de trabajo, etc., todas destinadas al fracaso. El alcohólico responde ante estos fracasos. Fluctúa entre el resentimiento, el remordimiento y la agresión. Su vida gira alrededor del alcohol, por lo que se deterioran su vida familiar y social. Es probable que ocurra alguna hospitalización relacionada con el alcohol. Posiblemente empiece a beber por las mañanas, señal de que está entrando a la siguiente etapa.

Etapa Crónica

Durante la etapa crucial, es posible que el alcohólico haya más o menos logrado mantener su trabajo y vida social; ahora, al comenzar a beber más temprano, la intoxicación es un fenómeno prácticamente contínuo y diario. Las borracheras son más frecuentes. Posiblemente se meta en bares cutres para beber con personas desconocidas, fuera de su círculo social.

Cuando no hay alcohol disponible, bebe sustancias venenosas (alcohol para frotar, loción, perfume, colonia, etc.). Durante esta etapa, ocurren varios cambios físicos notorios: la tolerancia decrece (después de algunas copas, el alcohólico se encuentra en un estado de estupor); comienzan los temblores; algunas tareas sencillas se vuelven imposibles sin ingerir alcohol; siente temores indefinidos y finalmente falla el sistema de racionalización. El alcohólico se encuentra espontáneamente abierto a recibir tratamiento. Sin embargo, a menudo continúa bebiendo porque no alcanza a ver una salida de su dilema. Jellinek enfatizó que no es necesario que los alcohólicos atraviesen las cuatro etapas para que su tratamiento sea exitoso.

ESTRATEGIAS DE PREVENCIÓN

La mayoría de los jóvenes experimentan con algún tipo de sustancias antes de cumplir dieciocho años de edad. A pesar de que hay una gran variedad de drogas disponible, el alcohol sigue siendo la sustancia preferida por muchos adolescentes.

La mayoría de las personas (adolescentes y adultos) no desarrollan una adicción. Muchos beben o usan otras drogas socialmente. Estas personas rara vez sufren crisis debido al uso de drogas.

Sin embargo, otras personas desarrollan una adicción. Pueden ocasionar caos familiar, abandonar sus estudios, tener problemas legales, alejarse de sus amigos y de la sociedad y contemplar o hasta intentar el suicidio. La adicción en jóvenes a menudo da como resultado una muerte prematura. No hay una sola causa que nos explique por qué algunos jóvenes se vuelven adictos.

La adicción es una enfermedad física, psicológica, social y espiritual. Asímismo, es una enfermedad familiar, donde todos los miembros juegan un papel importante en su mantenimiento o en la recuperación de ella.

Para ayudar a prevenir el abuso de sustancias, los maestros no tienen que ser «expertos en drogas y adicción». Lo que se necesita es transferir conocimientos de manera efectiva, una habilidad que la mayoría de los maestros ya posee.

Hay varios factores que pueden ayudar en la prevención:

• Comunicación Directa y Honesta (el uso de sustancias puede perder «la magia» si no es visto como tema tabú o secreto)

• Información Acertada y Actualizada

• Respeto

• Aceptación de Diferentes Puntos de Vista

• Facilitar la Interacción entre Compañeros

• Evitar ser «La Figura Autoritaria» (propiciar gobierno democrático entre los jóvenes)

• Sugerir vídeos, películas, libros y otros materiales audiovisuales que exploren la enfermedad y promover la discusión sobre ellos

• Modelar y promover actitudes, comportamientos y habilidades positivas

• Establecer un ambiente de confianza, seguridad y espíritu de cooperación y apoyo (sin juicios ni represalias)

• Promover actividades divertidas y sanas (deporte, clases donde existe la interacción en lugar de ser únicamente receptores pasivos)

• Proporcionar información a las familias

Los educadores necesitan enfoques innovadores de prevención e intervención que van más allá de la presentación de información. Para lograrlo, pueden apoyar el desarrollo de habilidades importantes tales como comunicación, resolución de problemas, toma de decisiones y manejo de estrés. Estas habilidades ayudan a adolescentes a anticipar y resolver problemas y les da poder para resistir las influencias que promueven el abuso de sustancias.

Los educadores pueden integrar estrategias en sus salones de clases y propiciar un ambiente que conduzca a la reducción de estrés y práctica de habilidades.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Spicer, Jerry. The Minnesota Model. Hazelden Educational

Materials. Center City, Minnesota.1993.

2. Velasco Fernández, Rafael. Alcoholismo: Visión Integral. Editorial Trillas. México. 1988 (reimp. 1997).

3. Madden, J. S. A Guide to Alcohol and Drug Dependence. John

Wright & Sons Ltd. 1986.

4. Jellinek, E. M. The Disease Concept of Alcoholism. Hillhouse Press.

New Haven. 1960.

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